Garzón, la bodega uruguaya que vuela sobre viñedos ondulantes

Icono mundial, es la primera bodega en hacer la Certificación LEED en todas sus instalaciones. Sus cavas construidas en las hondonadas naturales del terroir, sobre la roca viva, sientan precendente.

Valeria Mendez
Especial Guarda 14

Construida sobre las rocas del escudo de Brasilia, cerca del mar uruguayo, la bodega Garzón está rodeada de una flora nativa muy particular que forma matorrales verdes y lustrosos sobre  colinas ondulantes llenas de montes redondeados y de cárcavas. Sobre esta geografía única se levanta la primera bodega con viñedos eco-sustentables e instalaciones que han sido certificadas por las rigurosas normas LEED (Leadership in Energy & Environmental Design).

Esta arquitectura de vanguardia, emplazada sobre terrazas naturales, tiene un diseño que permite utilizar el sistema de gravedad para la producción, a lo que se suman tecnología de avanzada y un equipo técnico de excelencia para la producción de vinos finos de máxima calidad.

PUBLICIDAD

La optimización del rendimiento energético, la reducción del uso de agua, desde la utilización de materiales locales de baja emisión a la gestión responsable de residuos de la construcción, la captación natural de agua de lluvia, la restauración de la biodiversidad son algunas de las estrategias ecológicas implementadas en su diseño y construcción.

Al estar sobre la sierra, la bodega utiliza 40% menos de energía en comparación con otras instalaciones de su tipo. Además la generación in-situ de energía eólica y fotovoltaica podrá abastace hasta el 40% de las necesidades energéticas totales.

Si bien Garzón se enfoca principalmente en sus vinos Tannat, la variedad emblemática y la uva por excelencia del Uruguay, la bodega también trabaja con distintos clones y varietales, y es uno de los pocos productores de Albariño en la región.

Con tres naves de fermentación para distintas gamas de vinos, tiene una gran capacidad de elaboración. Las naves muy voluminosas, están semienterradas dentro de las hondonadas del terroir y tienen techos verdes, por lo cual no intervienen en el paisaje, en cambio sí predominan los ámbitos de sociabilidad del vino. Como toda bodega contemporánea no solamente hace vino sino que tiene un restaurante, un bar y un club de membresía internacional de muy alto nivel.  También hay una tienda de merchandising, y una sala de usos múltiples y catas.

El proyecto del Estudio de arquitectos mendocinos Bórmida & Yanzón,  tiene accesos diferenciados para las áreas industriales de trabajo y las zonas para el turismo. Los visitantes llegan y estacionan en un parque de rocas que ha conservado totalmente la flora nativa y después ingresan  atravesando un espejo de agua con una arquitectura y volumetrías muy movidas de hormigón armado y vidrios. El agua cruza el edificio de lado a lado, hay un lobby grande, hacia la izquierda están el bar y el restaurante que tienen vistas en balcón hacia las colinas y los movimientos ondulantes de las viñas.

Después de ese lobby se sale a una terraza con pasto nativo que vuelve a mirar hacia abajo. La gente recorre, mira, baja hacia las viñas y luego entra a la parte industrial por un patio que los lleva directamente hacia las cavas. Las cavas, construidas en la roca natural, dejan ver la roca viva por donde brota el agua que corre por acequias. También hay entradas de una luz cenital muy misteriosa. Están además las cavas privadas en forma de abanico y con curvas.

Después de las cavas se entra a un hall se sube y se llega a la tienda de merchandising. Un puente que atraviesa un palmar desde un estacionamiento privado nos lleva al club de membresía. La bodega vuela sobre las sierras de Garzón y la brisa del mar, aunque lejos, se siente en el maravilloso paisaje.

Te puede interesar
Vinos

La bodega más grande del mundo: 250 km de cavas subterráneas y 2 millones de botellas

Vinos

Música para disfrutar los Caminos del Vino

Vinos

Fiesta de la Cosecha abre la previa con jazz gitano