Una visita por el Museo del Vino y la Vendimia

Emplazado en un chalet construido a principio del siglo XX en Maipú (Mendoza), en este sitio se respira la historia de los comienzos de la industria vitivinícola provincial.

Carla Luna

Especial Guarda 14

Paseos por Europa deslumbran con antiguos chateaux impregnados con la historia de vitivinicultura, casonas de grandes pioneros hechas museos y relatos de pueblos que se aunaron para ver crecer las viñas. Absolutamente nada lejano a los inicios de la vitivinicultura en Argentina, donde inmigrantes italianos, españoles y franceses encontraron tierras prósperas para continuar con aquella labor que realizaban en el viejo continente.

El Museo Nacional del Vino y la Vendimia ubicado en Maipú (Mendoza) es el único museo de patrimonio histórico nacional vinculado a la industria más importante de provincia. Prevalece en lo que se conoce como las Casas Gargantini Giol: dos fastuosos chalets construidos a comienzo del siglo XX, ubicados sobre calle Ozamis.

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Un poco de historia

En 1896, el inmigrante suizo Gerónimo Bautista Gargantini se asoció con el italiano Juan Giol; y ambos crearon La Colina de Oro, una de las primeras bodegas de Mendoza. La generosidad de las tierras  sumada a las decisiones acertadas de estos dos visionarios favorecieron al crecimiento del emprendimiento convirtiéndose en una gran bodega. Es por eso que deciden construir sus residencias en un predio cercano a su lugar de trabajo.

El arquitecto Manuel Mignani proveniente de la Región de Bologna (Italia) y el constructor Ricardo Ciancio tuvieron a cargo la obra que se desarrolló al estilo de villa italiana, rodeada de inmensos jardines que, en la actualidad, aún se encuentran intactos.

En uno de estos chalets funciona el Museo Nacional de Vino y la Vendimia, cuyas puertas se encuentran abiertas de lunes a viernes para que los visitantes puedan conocer el nacimiento de la vitivinicultura en la misma Cuna del Vino. La visita permite observar las primeras botellas con sus respectivas etiquetas, máquinas y herramientas caseras antiquísimas utilizadas para la vinificación, e incluso quien lo desee hasta puede conocer la casona en su totalidad. Un programa que, inevitablemente, hace que el turista reviva los momentos en que nació la idea de convertir a Mendoza, en una provincia vitivinícola.

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