Cómo armar nuestra propia colección de vinos

Si sos amante del vino seguramente hayas fantaseado alguna vez con la idea de tener tu propia colección de vinos: una bodega donde atesorar, como si se tratara de trofeos, tus botellas favoritas. Ya sea para el puro deleite personal, o para impresionar a tus invitados en ocasiones especiales.

Si estás pensando en empezar tu propia colección de vinos, tené en cuenta estos consejos que te damos a continuación.

Por dónde empezar a armar la bodega

Lo primero que tendrás que hacer es buscar el lugar ideal para ubicar tu bodega. Intentá que sea en un lugar interior y fresco (lo cual no quiere decir húmedo; la humedad debe ser controlada, como todo lo demás). Evitá a toda costa situarla en la despensa. Los vinos no tienen que compartir espacio con alimentos; requieren su propio espacio.

Una vez elegido el lugar, decidí el soporte o contenedor de las botellas. Desde sencillos botelleros, hasta las mejores vinotecas o cavas eléctricas: dependerá del presupuesto del que dispongas.

Lo ideal es guardar nuestros vinos en una cava climatizada (entre 14 y 16 grados) o un espacio con poca luminosidad, lejos de las altas temperaturas y las oscilaciones térmicas. La cava eléctrica tiene la gran ventaja de la multitemperatura. Tené en cuenta que la temperatura ideal para los tintos oscila entre los 16º los 18º grados, los rosados sobre los 10º y finalmente los blancos deben estar entre los 5º y 8º.

Encontrarás vinotecas con diferentes capacidades y si no, siempre podés pedirlas a medida. Si el presupuesto no te permite invertir en una de ellas, utilizá algún sótano, armario o garaje oscuro y fresco que cumpla con las premisas de guardado dadas.

¿Qué vinos comprar?

Una vez que has acondicionado el lugar, llega la tarea más placentera (solo superada por la de beberlos) que es comprar las botellas. En este punto hay que tener en cuenta varias cosas.

Lo primero es que va a ser tu colección particular, por lo que sobre todo tiene que primar lo que a cada uno le guste. Por otra parte, tomate tu tiempo para “olfatear” antes de comprar y, por qué no, trazá un plan con botellas clave para adquirir y presupuesto.

Ya yendo al armado de la colección propiamente dicha, la primera cuestión que surge es qué tipo de vinos guardar y cómo hacerlo. No tiene sentido coleccionar etiquetas tintas, blancas o rosadas pensadas para ser bebidas jóvenes. Lo mejor es pensar siempre en vinos que tengan un buen potencial de guarda, una vida útil prolongada, con óptima evolución en el tiempo.

Diseño de la colección

Aquí nos centraremos en cómo organizar nuestra cava. Podemos pensar en vinos por varietales, regiones, precios, etiquetas o tipo de elaboración. Es fundamental un buen organigrama para saber dónde encontrar cada una de nuestras preciadas botellas, cuáles deben beberse rápido y cuáles no.

A continuación, te dejamos 4 modelos de diseño:

  • Según la región: si planificamos nuestra colección por zonas vinícolas, es imprescindible destacar que todas las regiones de Argentina cuentan con el clima ideal para la producción de vinos de guarda. La ecuación de sol más amplitud térmica es perfecta y, de este modo, se obtienen productos concentrados, con taninos firmes y acidez adecuada para lograr una evolución afable.
  • Según el varietal: hay que saber que existen cepajes que evolucionan mejor que otros. Uvas como Malbec, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc o Tannat tendrán un añejamiento excepcional. Podemos, además, sumar a la Bonarda y el Petit Verdot, otras dos cepas con enorme potencial de guardado. En cambio, el Pinot Noir o Criolla suelen tener una vida corta, pues son ligeros, de baja carga tánica, y es aconsejable no dejarlos dormir tanto tiempo. Sin embargo, hay algunos Pinot dignos de evolución, a partir de su acidez pronunciada y bien refrescante, que le confieren prolongación con el correr de los años. Entre los blancos, sin duda, el Chardonnay y el Semillón son los cepajes que mejor evolucionan. Si han sido fermentados o criados en roble, se mostrarán cada vez más complejos e interesantes. Podemos, además, sumar al Riesling y el Viognier, otras dos alternativas que pueden ponerse mejor con el paso de los días.
  • Según la vinificación: otra opción recomendable es guardar vinos según su vinificación. Es decir, organizarlos según su paso por barricas. Podemos tener, por un lado, los que menos contacto han tenido con la madera y, por el otro, los de mayor presencia del roble.
  • Según la etiqueta: podemos organizar yendo de las más informales a las más “serias”. Es una opción poco común, pero algunos coleccionistas vinófilos empezaron a practicarla. Lo mismo sucede con el peso de las botellas, que se dividen según su espesor dentro de la cava.

En resumen, a la hora de disponer los vinos podés seguir diferentes sistemas: por regiones (un ordenamiento básico que te permitirá encontrar fácilmente el estilo del vino que buscas), por varietales (que podrás diferenciar según tus gustos), por añadas (ideal para separar las botellas que deben envejecer varios años) o por prioridad (colocando de forma más accesible las botellas que es mejor beberse rápidamente).

Tips para empezar tu colección de vinos

Aquí todo dependerá de tu presupuesto y espacio:

  • Con 5 a 10 botellas ya podés poner en marcha una bodega. A partir de ahí, todo dependerá del espacio que tengas y del presupuesto. El ideal pasa por conseguir una colección de vinos que pueda adaptarse a todas las situaciones.
  • Si tu objetivo es guardar entre de 10 y 30 botellas, elegí blancos y tintos para abrir en aperitivos o cenas improvisadas. Optá por vinos frutados y agradables, y tené a mano un espumoso para cuando quieras celebrar algo especial. Dale consistencia a la bodega con un generoso seco o dulce para sorprender a la hora del aperitivo o el postre. Elegí un par de rosados para la primavera y finalmente guardá un par de tintos (y eventualmente algún que otro blanco) de calidad, de una denominación de origen calificada. Dentro de unos años se convertirán en los mejores acompañantes de esa ocasión excepcional: un aniversario, una declaración de amor, un reencuentro.
  • Si pretendés almacenar más de 30 botellas, es momento de diversificar tu colección y de empezar a interesarte por las añadas. Antes de nada, separá los vinos para beber inmediatamente de los que vas a guardar. Para lo segundo, elegí vinos de diferentes regiones, incluso diferentes países, con perfiles aromáticos y gustativos variados.

De esta manera siempre tendrás a mano la botella apropiada para el capricho del momento. Dejá espacio para algún vino excéntrico y con una historia curiosa. Y de los que más te gusten, atrevete a comprarlos en cajas de tres a seis. Así podrás disfrutar del placer de ver evolucionar un ensamblaje, de observar cómo se comporta el vino con el paso del tiempo.

El libro de bodega

Ya tengas una cava electrónica o una bodega de ladrillo en el sótano, nunca está de más llevar un registro de los vinos que entran y salen. Como si de un restaurante se tratase, anotá donde has comprado cada vino, el precio, el momento en que has abierto la botella y cuáles han sido tus impresiones.

Si tenés espacio y muchas botellas, etiquetá los estantes para localizar rápidamente el vino que buscás. El libro de bodega es una herramienta imprescindible para cualquiera que se precie de coleccionista de vino, es de gran utilidad para repetir un pedido y para no volver a cometer los mismos errores (en el caso de que los hubiera).

La autora de la nota, Carina Lladó.
La autora de la nota, Carina Lladó.

*La autora es Lic. en Comunicación Social y Socia de A.MU.V.A..

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“Las opiniones vertidas en este espacio no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes”.

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