Desierto de Lavalle: cómo son sus vinos de alta gama y por qué es la capital del vino casero

La IG Desierto de Lavalle fue reconocida en el año 2009. - Gentileza
La IG Desierto de Lavalle fue reconocida en el año 2009. - Gentileza

La IG ubicada en el Norte de la provincia presenta algunos proyectos que muestran todo el potencial cualitativo de la zona, lo que se combina con una tradición reconocida en todo el continente.

Como las dos caras de una moneda, en la vitivinicultura de Lavalle podemos encontrar una alta productividad de uvas, al punto de ser la cuarta provincia en superficie plantada, con 8,66% del total de Mendoza, según las cifras del Observatorio Vitivinícola Argentino, y por el otro una marcada tradición de producción de vino casero y artesanal, al punto de ser la capital latinoamericana en la categoría. Sin embargo, con mucha menos historia que en los casos anteriores, en la discusión ha entrado la producción de vinos de alta gama en el Desierto de Lavalle.

Con una pata puesta en Valle de Uco y la otra, pero también con el corazón, en Lavalle, el ejemplo más resonante de esto es Onofri Wines. El año 2014, Mariana Onofri, sommelier, y Adán Giangiulio, viticultor, ambos oriundos del departamento del Norte de Mendoza, decidieron poner en marcha un proyecto que los cambió para siempre. Con la idea de revalorizar la zona, decidieron comenzar con la revalorización de una antigua finca que tenían en el distrito de Gustavo André.

Pero la cosa para los vinos de alta gama lavallinos comenzó a cambiar realmente en 2017, cuando la pareja decidió plantar variedades poco convencionales en la provincia, algo que hasta el momento les ha dado excelentes resultados. “Decidimos poner el valor el trabajo duro que es tener un viñedo, algo que no es menor, y quisimos no solo vender uva, algo que en la zona es muy común, pero no se tienen muy buenos precios”, sostuvo Mariana Onofri, propietaria de Onofri Wines.

Ubicados sobre el final de la cuenca del río Mendoza muy cercanos a las dunas del desierto lavallino, Mariana y Adán se encargan de todo el manejo del viñedo de manera orgánica y de la elaboración de los vinos, todo con la asesoría de algunos enólogos y otros expertos. “Es una zona muy seca, desértica. Nuestra finca tiene mucha arena, con un suelo bastante parecido al del desierto”, describió la sommelier.

Marian y Adán decidieron revalorizar el terroir lavallino. - Gentileza
Marian y Adán decidieron revalorizar el terroir lavallino. - Gentileza

“Lo que hemos hecho de especial o distinto de lo que se ha hecho en la zona, porque Lavalle tiene muchos viñedos, es apostar por variedades poco convencionales. Tenemos un viñedo clásico con Pedro Giménez y Bonarda, dos variedades tradicionales de la zona y de las más plantadas en el departamento. Pero además, en una viña que estaba plantada con Cereza del año 1940, empezamos a plantar variedades no tan tradicionales”, dijo Onofri.

Su trabajo fue como un rescate y una renovación. “Primero el rescate para valorizar la zona, porque siempre se habla del Valle de Uco o Luján, pero Mendoza es muy grande y muy rica y está bueno mostrar otras zonas donde se hacen bien las cosas. Y después, si bien tenemos Pedro Giménez y Bonarda, en la viña vieja insertamos variedades como Carignan, Monastrell, Mourvedre, Teroldego, Garnacha, Petit Syrah, entre otras, todas variedades mediterráneas, italianas, y elaboramos vinos varietales con ellas”, aseguró.

“Estamos muy felices porque hemos logrado poner en el mapa a Lavalle, algo que no es menor”, sostuvo Onofri. Tal ha sido su repercusión que en ocho años de vida apenas han logrado consolidar su producción para el mercado interno y vender sus productos en el mundo, en destinos como Reino Unido, Brasil, Perú, Estados Unidos, entre otros. “No estamos exportando Malbec, estamos vendiendo otras uvas y de Lavalle”, dijo orgullosa la sommelier.

La elección de esas variedades poco convencionales no fue aleatoria. A partir de su trabajo como sommelier y directora de vinos en The Vines of Mendoza, un proyecto del Valle de Uco, pudo conocer cómo se dan en la provincia más de treinta variedades. Empecé a ver que ciertas variedades, sobre todo las mediterráneas, tenían una adaptación muy interesante. Después, empecé a investigar qué se podía dar mejor en Lavalle, de acuerdo a las características del clima y el suelo y lo cierto es que estas variedades se adaptan mejor a zonas un poco más cálidas”, explicó Mariana Onofri.

Para la experta en vinos fue una sorpresa ver la expresión que logró la planta en el lugar. “Hoy hacemos más vino de Lavalle que de Valle de Uco”, contó acerca de la producción que han logrado con la línea Alma Gemela. Actualmente, de cada una de las variedades elaboran alrededor de 3.500 botellas, con una producción total que supera las 30.000 botellas.

Otros de los ejemplos de la zona son el Ver Sacrum Pedro Giménez, elaborado por Ver Sacrum Wines / La Cayetana 1865. O la trilogía de Bonarda que supo tener hasta hace un tiempo Nieto Senetiner y que era elaborada por Roberto González.

Los vinos de Onofri Wines en la línea de Alma Gemela se distinguen por ser variedades no tradicionales. - Gentileza
Los vinos de Onofri Wines en la línea de Alma Gemela se distinguen por ser variedades no tradicionales. - Gentileza

Cómo es el terroir de la IG Desierto de Lavalle

En el año 2009, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) reconoció la Indicación Geográfica (IG) Desierto de Lavalle como sinónimo de los vinos que ya se elaboraban en el departamento y que habían logrado su reconocimiento en el año 2002.

Si bien la extensión de la geografía se extiende por unos 10.212 km2 y encontramos una diversidad casi inagotable, al hablar de franja cultivable y la zona vitivinícola de Lavalle, debemos centrarnos “donde muere el río Mendoza”, como explicó Guillermo Corona, geofísico y experto en la geografía del vino de Mendoza y Argentina.

“El río Mendoza nace en la montaña y corre de oeste a este, pero no de una manera lineal. A la altura de Palmira, en Barrancas, hace un codo, gira con dirección hacia el norte y muere en la laguna del Rosario, al límite con San Juan. En ese trayecto final, se encuentra entre las dunas del Este y la montaña en una llanura aluvial, por lo que ha tomado múltiples cauces. Aunque Lavalle es mucho más grande, toda su viticultura se desarrolla en ese contexto”, detalló Corona.

Debido a la poca pendiente que tiene el lugar, la composición de los suelos lavallinos es principalmente de arena, limo y arcilla. “No vamos a encontrar ahí los suelos pedregosos que hay en otras zonas de Mendoza!”, describió el experto. En cuanto al clima, es una zona calurosa, pero con buenos riesgos de heladas por tratarse de un bajo natural.

La capital latinoamericana del vino casero y artesanal

La elaboración de vino casero o artesanal en Mendoza es una tradición presente desde el mismísimo momento en el que comenzó a desarrollarse la vitivinicultura en la provincia. Pero en Lavalle, esa costumbre ha sido llevada a otro nivel, al punto de convertirse en la capital latinoamericana del vino casero o artesanal.

Fue en el año 2001 con la crisis política, económica y social que azotó al país consolidó la elaboración casera de la bebida en el territorio lavallino. Es que el precio del vino en aquel entonces era muy bajo, lo que se sumó a la necesidad de las familias de buscar recursos e ingresos de cualquier manera.

A partir de la regulación del INV de la actividad en el año 2002 y la intervención de la Municipalidad de Lavalle, se dio un marco jurídico para que los elaboradores contaran con un respaldo en sus productos. Hoy en día, Lavalle cuenta con más de 100 productores de vino casero habilitados para la vinificación de hasta 4.000 litros, los cuales se comercializan en botellas o damajuanas con sus respectivas etiquetas y demás.

Además, desde hace casi cinco años, Lavalle es la sede del Seminario Latinoamericano de Vino Casero y Artesanal, donde expositores de todo el mundo cuentan sus experiencias y comparten sus conocimientos acerca de este tipo de elaboración.

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