El triple impacto de los botellones reciclables que se meten de lleno en la industria argentina

El Instituto Nacional de Vitivinicultura lanzó el programa “Vino Cercano”, con el que habilitó la comercialización bajo este formato.

En el marco del Día del Vino Argentino Bebida Nacional, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) lanzó el programa “Vino Cercano”, mediante el cual habilita a partir de este viernes a comercializar vinos en envases recargables en los locales que cumplan con los requisitos. ¿Cuáles son las ventajas de estos envases?

Se trata de una decisión relevante en la industria vitivinícola, innovadora y muy alineada con la política actual del organismo nacional, que pretende accesibilizar el vino.

¿Cómo es el envase?

Las tiendas de expendio de vinos habilitadas deberán contar con la infraestructura para servir vino en canillas en los envases reutilizables. A su vez, estos envases también pueden ser comercializados en las mismas tiendas en las que se consigue el vino y en bodegas. Estos envases retornables serán de 1,9 lts y 2,5 lts, tipo growler.

Este concepto sin dudas apela a un modelo rentable entendiendo este concepto como rentabilidad de triple impacto: económica social y ambiental. Descubriendo los beneficios de este formato, identifiquemos por qué apela la rentabilidad en cada aspecto.

Rentabilidad económica

Como cualquier producto que se vende “suelto”, el precio del vino en este formato puede disminuir para el consumidor final. Por ejemplo, por la ausencia de elementos que encarecen al vino, como la botella, etiqueta y corcho.

Además, la producción de vino suelto para las bodegas también implica disminuir los costos en términos operativos y de producción enormemente. Un elemento que se hace aún más relevante si consideramos el actual faltante de botellas de producción nacional y encarecimiento de la importación de botellas cuya producción mundial también está en crisis.

Es un círculo virtuoso que si se aceita y masifica, puede no solo generar valor a toda la cadena y disminuir el costo para el consumidor final; sino que también puede permitir el aumento de los niveles de comercialización en una industria en permanente competencia con otras bebidas. Accesibilizar el vino es masificarlo.

Rentabilidad social

El concepto de vino “cercano”, como está planteado por el Instituto Nacional Vitivinícola, pretende que esta comercialización en envases retornables llegue a las tiendas de la mayor cantidad de zonas en el país. Esto promueve la interacción de los consumidores con el vendedor.

El proceso va a contribuir además con los productores locales de menor envergadura, porque es una herramienta que le permite competir con las grandes bodegas que dominan las góndolas de los supermercados.

La rentabilidad social implica precisamente conectar a las personas con ese círculo de “cercanía” para fortalecer su vínculo sociocultural, mientras promueve la comercialización de pequeños productores.

Rentabilidad ambiental

Este concepto quizás sea el que más se percibe a simple vista. Como apela el programa, el envase pretende alcanzar el desafío de cumplir con las tres R: reducir, reutilizar y reciclar.

Por un lado se reducen no solo los productos que consumimos en términos de que ya no es necesario una botella por cada 750 cl de vino, sino que se reducen los insumos de producción y el nivel de desechos que se generan tras el consumo.

A su vez, el formato permite reutilizar siempre que el mismo envase tenga una vida útil extensa evitando y retrasando la producción de desechos. El reciclaje será más efectivo. Porque si bien es un concepto destinado a la reutilización, cuando la vida útil del envase concluya, reciclar un solo botellón es mucho más efectivo que hacerlo con cada botella que se consume a diario.

Una decisión disruptiva y que puede generar muchos elementos positivos en la industria nacional, a 11 años de que el vino se declarara la bebida nacional.

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