Rivadavia, su ayer y su hoy como vergel de viñedos y desarrollo vitivinícola

En esta primera parte de la nota hablaremos sobre el impacto migratorio que se produjo desde finales del siglo XIX y mitad del siglo XX, que tuvo resultados inesperados por el arribo de nuevos pobladores originarios de Europa a nuestras tierras argentinas.

El perfil social y cultural de los recién llegados, en su mayoría jóvenes y familias originarias de Italia y de España, venían con un sueño. El sueño americano que los guió fue: “Hacer la América”, era el móvil que imperaba en la inmigración. Los perfiles de esta etnia fueron los que sustentaron la imaginación de lograr una Mendoza gringa largamente perdurable.

En esos años las condiciones económicas allende el Atlántico eran durísimas, muy difíciles.

Nuestro país abre generosamente sus puertas a todos aquellos europeos dispuestos a trabajar. Así es como arriban con el deseo y la necesidad de sentirse protegidos, unidos, seguros, fuertes dentro de una sociedad culturalmente diferente y ésta los acogió con los brazos abiertos. Les dio la posibilidad de trabajar, hacer sus propias actividades para crecer y formar una familia. Lo hicieron con sacrificio y trabajo duro desde el amanecer hasta el atardecer y con alegría inmensa por lograr lo anhelado.

Así en esta tierra mendocina de clima árido, de altas cumbres montañosas y mañanas en que el rocío se hacía sentir, es donde muchos de ellos eligieron el departamento de Rivadavia y allí se instalaron. Coraje, fuerza y convicción fueron sus motores, se iniciaron como obreros, luego contratistas y con el paso de los años transformaron el desierto rivadaviense en un oasis fértil. Algunos, en grandes vitivinicultores se convirtieron.

María Sandra Cané de Muzzino, autora de la nota
María Sandra Cané de Muzzino, autora de la nota

Se adaptaron a todo lo nuevo: lengua, costumbres, idiosincrasias distintas, sin olvidar la patria lejana. Sabían de las cepas y de sus cuidados, enseñanzas aprendidas junto a sus padres. Capacidad innata y contracción al trabajo fueron cualidades que los acompañaron durante su larga trayectoria.

La transformación vitivinícola se visualizó en la fisonomía del espacio agrícola que comenzó a poblarse de viñedos y de establecimientos dedicados a la elaboración del vino.

Tres empresarios del ayer y otros de estos tiempos serán testimonio del vergel de viñedos tan apreciados a través de los años hasta el hoy.

La bonanza de sus vinos y su expansión económica a través del mundo, hacen que Mendoza sea reconocida por su excelencias y calidad vínica.

Gerónimo Bautista Gargantini (1861-1937)

Nació en “Colina D´Oro”, una comuna suiza del cantón de Tesino, en el distrito de Lugano.

Llegó a Buenos Aires en 1883 y se dirigió directamente a Mendoza. Trabajó en distintos oficios. Rivadavia fue el lugar de asentamiento de sus primeras viñas. El compromiso cultural con los trabajadores fue amplio.

Juan Bautista Gargantini (1891-1985)

Hijo de Gerónimo, el mayor de los varones, nació en Mendoza el 11 de noviembre de 1891. Estudio en Lugano, Suiza; vuelve a Mendoza a fines de 1910 (su familia regresa a Suiza) y se encuentra con que su padre le deja solo la propiedad de “La Florida, en Rivadavia. Allí se instala y genera un gran desarrollo cultural, económico y social. Su accionar fue múltiple así como su acción benefactora.

Fueron famosos sus vinos: “Colina D`Oro”, “Eminencia”, “Rusell”, “Florida”, (vinos finos) y de mesa: “Gargantini”; la elaboración del “champagne” fermentado en botella Garré, elaboración de Mistela, alcohol y vinagre de vino, aceite de oliva y envasamiento de aceitunas entre otras cosas.

Juan Bautista Gargantini
Juan Bautista Gargantini

Tuvo el paño de viñedos más grande del mundo de más de 1.550 hectáreas plantadas de viña y parral. ¡Orgullo nacional desde sus fincas rivadavienses!

En 1950 deja la dirección de la empresa bajo la conducción de sus hijos Alberto y Carlos. Al tiempo observará como ese imperio siguió hasta que fue vendido a la empresa española RUMASA en 1981.

Se fue a vivir a Suiza. El 18 de abril de 1984 el departamento de Rivadavia cumplía 100 años, tal vez fue la última vez que lo visitó. Moriría a los meses.

Enrico Tittarelli (1883-1962)

Enrico nace en Ancona, Italia el 5 de octubre de 1883. En 1905, a la edad de 22 años, llega a Mendoza Enrico Tittarelli, fundador de lo que con el tiempo sería uno de los más importantes núcleos económicos de Mendoza.

Como todos los inmigrantes llegados en ese período, Enrico ansiaba lograr un buen pasar que su país de origen, Italia, no podía ofrecerle. A poco de llegar a Mendoza comienza a trabajar en la firma Gargantini, importante conglomerado económico de Rivadavia. Su buena predisposición y su esforzado aporte como contratista de esa firma, le permite ascender con el tiempo hasta llegar al puesto de administrador general de la misma.

Pacífico Tittarelli
Pacífico Tittarelli

Fiel a su propósito de asegurar un pasaje seguro a su familia, con sus ahorros compró en 1915 una propiedad en la calle Florida, distrito La Libertad del departamento de Rivadavia, pronto mejora la finca y comienza en gran escala la producción de olivo de variedades como: Arauco, Empeltre, Manzanilla, Frantoio, Farga, entre otras, que permitieron crecer rápidamente la producción propia y de otros agricultores de aceitunas tanto para aceite con para conserva.

Al mismo tiempo surge la idea de elaborar vinos con la producción de uvas de dicha propiedad. Alrededor de 1920 comienza a funcionar la proyectada bodega. El crecimiento de la empresa continua y don Enrique amplía su accionar económico extendiéndose con sus compras de fincas en Tunuyán, tanto para la producción de vinos como de madera a través de un aserradero.

Ya sus hijos se habían incorporado a la actividad de la empresa, particularmente Pacífico Claudio, el mayor, que se había graduado de enólogo en 1932. Esta ayuda impulsó aún más el crecimiento del complejo económico, permitiendo la compra de una propiedad en la Capital Federal para la comercialización directa de sus producciones de vinos y aceites de oliva.

Enrico Tittarelli
Enrico Tittarelli

En 1953 don Enrico, por problemas de salud, se retira de la actividad profesional. Disuelve la empresa Bodegas y Viñedos Enrique Tittarelli y distribuye los bienes entre sus hijos, asignando a Pacífico Claudio los activos situados en La Libertad, con su complejo industrial y las marcas comerciales. En 1962 fallece en Cañuelas, Provincia de Buenos Aires.

En 1955 comienza a funcionar Pacífico Tittarelli Savo, propiedad de Pacífico Claudio. Los bienes de estas sociedades estaban constituidos por la herencia recibida de su padre y otras adquiridas con anterioridad, fruto de su trabajo personal, como las fincas “El Retiro” y “El Higueral” en Los Campamentos, departamento de Rivadavia. Luego adquiere tierras en Maipú donde desarrolla, modernos viñedos y construye una nueva bodega. Además amplía y moderniza la fábrica de aceituna en conserva diversificando las variedades comercializadas.

Su acción trasciende y participa como uno de los gestores de la Cooperativa de Electrificación Rural Sud Río Tunuyán, que provee de energía a consumidores de la margen sur del río del mismo nombre.

La evolución de la industria vitivinícola induce a don Pacífico a actualizar la producción en todo sentido. Mejora sus métodos productivos de uva y de elaboración a fin de aumentar la calidad de sus vinos, produciendo varietales como el famoso y recordado Lambrusco y otros como Cabernet, Malbec y Sangiovese.

En el sector comercial introduce modernos conceptos de marketing para la época, asociando a la producción del vino aspectos turísticos y gastronómicos que en otros países del mundo estaban muy avanzados. Construyó un restaurante que proyectaba sobre los comensales la sensación de ubicarse dentro de una vieja bodega transformada: crea “La Bodega del 900″ que se inauguró en 1974. Allí se consumían y degustaban los vinos propios.

En 1978 fallece don Pacífico y se hacen cargo de la sociedad sus hijos: Enilda, Enrique y Luis, éste último como CEO de la firma. Los negocios societarios crecen en producción y valor agregado llegando a producir en 1982, ciento cuarenta y cinco mil quintales de uva y elaborar más de 12 millones de litros de vino, con la colaboración de terceros elaboradores.

La dirección de la empresa continúa en manos familiares hasta 1999, fecha en que vende sus activos a una nueva empresa, Tittarelli Vosa, de capitales más amplios y deja de ser una empresa exclusivamente familiar.

La autora es Profesora de Lengua, Literatura Española y Latín y Socia de A.MU.V.A..

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“Las opiniones vertidas en este espacio no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes”.

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